Chañarcito, chañarcito!

Arbolito venerado
Compañero de camino
Por humilde y por sagrado
Desapego, desapego!
Grita tu piel arrugada
Y la recién estrenada.
sabio consejo de abuelo!

Los seres humanos necesitamos de todo nuestro entorno para sobrevivir y sin embargo, nos creemos superiores. En nuestra escala, el yo puede más y consideramos a los demás seres como inferiores. Ese concepto nos hace sufrir muchas calamidades.
Ser uno con la naturaleza y sus seres físicos y sutiles es una afirmación que ya estamos recordando, pero nos llevará mucho camino hacerla pasar por el corazón, espiritualizarla: interiorizarla para luego poder actuar con coherencia.

Cada estación del año encierra en un cofre sagrado las señales para vivir esa coherencia. Nosotros necesitamos de esas señales para no perdernos en el mar del pensamiento incansable. El otoño es una bella estación, que con lentitud pero con firmeza nos va dejando la lección de nuestros abuelos, los árboles. Ellos se preparan para desvestirse totalmente antes de dormir el sueño del espíritu.

Cuando el hombre se detenga y penetre su mirada mas allá de sus hojas amarillas, verá que ellas han borrado totalmente la historia vivida con pasión, en primavera y verano. Esa es la experiencia que habrá que desapegar.

El hombre nativo de las sierras supo descubrir en un arbolito que crecía muy cerca suyo y que era parte de su cotidianeidad, una condición sagrada. Era el chañar que le estaba hablando del desapego de una manera profunda, desprendiendo su piel, cada otoño, para dejar atrás la experiencia vivida en el transcurso del año y que sirvió en un momento, pero ya no. Supo escuchar su lección y la hizo suya, entonces cada otoño la corteza del chañar se toma en acto sagrado único, para emprender el “vuelo del desapego” como dice mi querida amiga Mónica, yuyera de las sierras.

Los comechingones lo tomaban cada otoño en grupo.
Estuvimos haciéndolo hace unos días, en el afuera entibiado por el sol, que se va alejando de a poquito dejándonos la energía del chañar y diluyendo la experiencia.
Camino espiritual que es camino de unión con los seres que nos dan el suave pero profundo consejo de su sabiduría en la Madre Naturaleza.
Gracias al chañar y a todos los seres que nos acompañaron en un acto único e irrepetible.

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